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12:48 | 26 JUL
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1890: la revolución que nunca debe olvidarse

Por José Carlos Marino

Se cumplen 126 años de la llamada "Revolución del Parque", ocurrida entre el 26 y el 29 de julio, un alzamiento cívico-militar que pondría en jaque al poder oligárquico dominante de la época, su consecuencia y legado perduran hasta nuestros días.

A fines de los '80 del siglo XIX, la Argentina atravesaba una grave crisis económica, con baja de salarios, desocupación y una creciente inflación. El presidente de la Nación de aquellos años, Miguel Juárez Celman, era miembro del conservador Partido Autonomista Nacional (PAN), y había sido puesto en ese cargo por Julio Argentino Roca, máximo dirigente de los conservadores, del que era su cuñado. El autoritarismo y la falta de respuestas a las clases populares agudizaban el descontento.
En aquella época, los Presidentes no se le elegían por el voto popular; el sufragio no era libre, ni universal, ni secreto, ni obligatorio, se cantaba el voto delante de las autoridades políticas y de la policía, lo que condicionaba y disuadía la voluntad del votante. En síntesis, se trataba de un régimen fraudulento.
En oposición al régimen del PAN, se había formado la Unión Cívica, un espacio común que no llegaba a ser un partido sólido, en el que convivían todos los pares opuestos posibles, veteranos y jóvenes, federales y unitarios, acuerdistas y rupturistas, orientados por dos políticos con dilatada trayectoria, pero también opuestos entre sí: el expresidente Bartolomé Mitre y el varias veces Diputado y Senador, Leandro Nicéforo Alem.
A fines de julio de 1890, el aire revolucionario era el único que se respiraba en Buenos Aires y La Unión Cívica, en alianza con sectores del ejército y la armada, buscaban terminar con el régimen fraudulento para poder producir los cambios en materia económica, política y social que el país necesitaba. Alem se posicionaba al frente de la Junta Revolucionaria, pero la estrategia militar estaba a cargo del General Manuel Campos, con el aval de Mitre.
Para diferenciarse de las tropas leales al régimen, la Junta Revolucionaria de la Unión Cívica adquirió boinas, de color blanco, porque eran las únicas que había en cantidad suficiente en los comercios de la zona para los más de 3.000 milicianos que se calcula participaron de la revuelta.
El alzamiento llevó el nombre de "Revolución del Parque", por cuanto el epicentro y los principales combates se realizaron entorno al Parque de Artillería, donde actualmente se ubican la plaza Lavalle y el Palacio de Tribunales. Comenzó el 26 a las 4 de la madrugada y se extendió hasta el 29 de julio, cuando se firmó la capitulación.
Por un grave error de cálculo, o quizás una traición del ala militar de la revuelta, los revolucionarios se encontraron con que al tercer día de combates las municiones escaseaban, no había dentro del parque de artillería la cantidad prevista e iban llegando los refuerzos de tropas leales del interior del país. Todo esto aceleró la rendición.
Entre los revolucionarios, se encontraban figuras que tendrían gran influencia en la política argentina futura, como Hipólito Yrigoyen y Juan B. Justo, entre otros.
Terminada la revolución, desde el Senado dominado por los conservadores, se recuerda una frase lapidaria de un senador cordobés: "Señores: la revolución está vencida, pero el gobierno está muerto".
Sin apoyo político, el presidente Juárez Celman presentó la renuncia y, en su lugar, asumió su vice, Carlos Pellegrini, quien completaría su mandato hasta 1892. Al tomar el mando, dijo que el suyo "era un gobierno de concordancia, surgido de una revolución", por lo que se amnistío a los revolucionarios buscando la pacificación.
Ante el nuevo escenario creado, los dirigentes de la Unión Cívica agudizaron sus diferencias internas, formalizando al año siguiente la ruptura.
Por un lado, los mitristas más proclives al pacto con el régimen conservador formaron la Unión Cívica Nacional y, por otro, los liderados por Leandro N. Alem, que rechazaron todo pacto con el régimen y anhelaban un cambio de raíz del sistema político, formaron la Unión Cívica Radical, que continua reivindicando los principios del alzamiento de 1890 y perdura hasta nuestros días.

Imagen: Plaza Lavalle, antiguo Parque de la Artillería, epicentro de la revolución

 



 

 

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