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13:49 | 01 FEB 2017
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Debate: Ni ganadores ni perdedores, sino una nueva agenda con oportunidades

Ni Trump es tan poderoso, ni América Latina tan débil en términos comerciales. Lo cierto es que además del mercado norteamericano hay otros de gran interés. El primero de ellos es el mercado interlatinoamericano, éste es un mercado por explotar, que podría ser plenamente desarrollado a través de la integración regional y/o subregional. No sólo éste, la región lleva algún tiempo estableciendo lazos con el Pacífico y China. De hecho, la Alianza del Pacífico, integrada por Colombia, México y Perú, puede ser el inicio de una proyección regional muy prometedora, máxime cuando Centroamérica o Argentina han mostrado su interés por esta asociación. Sin olvidar la UE, un mercado el de América Latina-UE, lleva bloqueado desde hace años y éste puede ser el momento de empezar a desarrollarlo.

Cuando todo indica que las promesas electorales de Donald Trump van a ir cumpliéndose es necesario no dejarse llevar por el pánico y comenzar a buscar soluciones. Este pánico está haciendo suponer que Trump es todopoderoso y que sus decisiones pueden significar la ruina de las economías latinoamericanas.

Frente a ello es preciso tener en cuenta varios factores:

    Ni Trump es tan poderoso, ni América Latina tan débil. El caso mexicano es el más evidente al ser una gran económica con una alta dependencia de sus relaciones comerciales con Estados Unidos. Un hecho innegable, pero no puede ignorarse que significa México para Estados Unidos, tanto para sus exportaciones, como localización de muchas empresas norteamericanas, que luego exportan lo producido en México y Centroamérica al resto del mundo.
    Estados Unidos no es la gran potencia que era y no puede pretender ser la “nación más poderosa del mundo” si en el momento en el que está perdiendo influencia, además el nuevo Presidente opta por el aislacionismo. El resultado es acelerar la pérdida de poder y peso internacional.
El Presidente Peña Nieto ha cancelado su reunión con el Presidente norteamericano, ante la amenaza de Trump de cancelarla él mismo, si México no aceptaba pagar el muro. Una reacción que puede ser comprensible, pero más allá de estos mensajes de rechazo, México y América Latina no puede perder ninguna oportunidad para explicar a Trump que América Latina también es necesaria para Estados Unidos y que si acaba por adoptar las medidas anunciadas, también pierde su país.
La situación es particularmente preocupante para México y Centroamérica, ya que la dependencia de Sudamérica es menor, pero en cualquier caso es preciso buscar alternativas y emprender un reto que la región ya tenía antes de que Donald Trump fuera elegido presidente. La región no puede aplazar, por más tiempo, la diversificación de los mercados y agregar valor añadido a sus exportaciones para asegurar el desarrollo de la región. Pero en este momento es más importante que nunca. Si se emprenden estos cambios, la región sería mucho menos vulnerable los posibles “chantajes” y “amenazas” de líderes como Trump.
La diversificación de mercados y la integración son los otros instrumentos imprescindibles para el desarrollo de la región, aunque sólo han despegado parcialmente. Si el aislacionismo que pretende Trump, impulsa estos procesos de integración y búsqueda de mercados, al final habría que reconocer que el Presidente norteamericano habría generado el avance de un proceso, si bien ya iniciado, su desarrollo sería casi embrionario.
Solo en un día Trump ha logrado que toda la oposición e instituciones del Estado mexicano cierren filas en torno a Peña Nieto, ante las insultantes amenazas de Trump. Lo que ahora genera incluso pánico, quizás finalmente sea algo positivo. Si esta reacción se generaliza en la región e impulsa unidad frente a “un enemigo común”, podrían impulsarse procesos de integración interregionales y con proyección internacional. Este logro, sin embargo, ya no depende de Trump, sino de los latinoamericanos.
Hay mercados, hay proyectos y la región tiene un gran potencial, ahora es preciso reaccionar y tomar clara conciencia de que con Trump no se acaba el mundo. Pero si es posible que se transforme y mientras Estados Unidos se cierra sobre sí mismo, el resto de los actores internacionales pueden encontrar nuevas oportunidades ante los espacios abandonados por Trump. Una dinámica que podría acelerar la pérdida de influencia de Estados Unidos. El mundo va a seguir siendo una realidad globalizada. En esta posible dinámica global,  América Latina ha de estar presente, pero eso solo es posible si los latinoamericanos toman conciencia de los retos que son necesarios afrontar.

 

 

 

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